martes

Dando el cante en la Luchon-Bayona


320 kilómetros, 5700 metros de desnivel, Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Soulor, Aubisque, y Osquich, paisajes sobrecogedores, míticos testigos de la historia del tour, siguiendo el trazado de la primera etapa en la que se ascendió el Tourmalet en 1910, buenos amigos y muchas risas, eso es la Luchon Bayona.

Grandes bandas de rock han sido creadas a través de anuncios en institutos, encuentros casuales o amistades desde la cuna. Moñeces.

Gracias al jumero terrible de la semana pasada en plenas rampas del Portalet, mis estridentes trinos para sobrellevar el sufrimiento llegaron pocos días después a un grupo de roqueros soperos a orillas de la ría de Bilbao. Veían futuro.

Pero no era suficiente para ellos el levantar el tono en un puerto de la entidad de Portalet. Querían más. Había que demostrar las cualidades, innatas por supuesto, en una prueba (o casting, para ser más exactos) de mayor entidad, la Luchón-Bayona.

La prueba constaría de dos partes: Una primera, de 160kms, en la que comprobarían mi tono de voz, los agudos, los graves, y los muy graves, en las rampas míticas del Tour. Y una segunda, de otros 160kms en la que el rodar a relevos durante horas, dejaría claro si mi aguante era propio de un animal de gira mundial, o una piltrafa de verbena. Una vez más, nervios.

Con los primeros rayos de sol y saliendo prácticamente los últimos por algún que otro fallo logístico, las tres futuras estrellas del rock nos disponemos a afrontar las primeras rampas del primer escollo de la jornada: Peyresourde.








El primer puerto estaba suavemente salvado. Era el turno para el segundo. Aspin. No es tremendamente duro, no es tremendamente largo, pero lo envuelve un halo de glamour. Era momento para Julio Iglesias con bises del “Soy minero”. Apostando fuerte.



Poco a poco iba avanzando la mañana, y nuestras piernas y cuerdas vocales iban entrando en calor. Los nervios in-crescendo, los platos fuertes estaban aun por llegar. Uno de ellos era el mítico Tourmalet, por la Mongie, subida histórica. No lo dudamos ni un momento, no podían ser otros que Nino Bravo y Rocío Jurado, pesos pesados, había que poner a prueba el chorrazo de voz.





Magnífico.

Si las subidas estaban siendo espectaculares, también lo estaban siendo las bajadas, lo estábamos disfrutando un montón. Carreteras secas, buen día y con toda la visibilidad, pufff….



En la aproximación a Soulor comenzábamos a ver dudas, se veía alguna nube al fondo, y claro, la humedad es poco amiga de las notas altas. Había que poner el contrapunto con algo que nos hiciera venirnos arriba. ”Eva María se fue…”. Falsa alarma, el clima volvió a levantar.




Fue una alegría encontrarse en la cima de Soulor con el comando Puçol casi al completo, unas risas, y comenzamos el corto descenso y el Circo de Litor, de camino a Aubisque. Ya nos extrañaba, pero percibíamos cierta indiferencia de los valencianos ante nuestros cantos. Que curioso.


Precioso descenso por la Gourette, hasta Laruns, donde pararíamos a echar un refrigerio preparado por Gema y Puri, gracias chicas!! Cuatro gárgaras, caramelitos de menta para endulzar la voz, y en rumbo otra vez. Comenzaba la segunda parte, otros 160 kms de repechos, viento, y rock and roll!!

No sabemos por qué, poco antes de Osquich, una tachuela de 5 kms a mitad de los planos, comenzó a llover. Total, si cantáramos mal aun tendría explicación, pero con nuestra calidad era imposible! A mitad de subida, Ane, que andaba por allí, me lo confirma, ya llevaba un rato lloviendo, no era nuestra culpa.




Una vez coronado el repechon, poco a poco cogiendo grupetes bajo la lluvia, hasta que de nuevo nos sumamos a los valencianos. Nuestras sospechas se hicieron realidad: “Como os vuelva a oír cantar, os tendrán que recoger de la cuneta con cucharilla”. Fue dejar de cantar y dejar de llover. Puñetera casualidad.

Ya metidos en faena y con intención de secar la ropa, había que apretar en los últimos kilómetros. Pese a ir callados como estatuas, los relevos estaban siendo bestiales. Fue la mayor sorpresa para mi de esta experiencia, el poder hacer relevos de calidad, a dolor, con 270 o 300 kilómetros en las patas.


Tras toda la zona con 3757 repechos, la carretera empezaba a suavizar, comenzando a intuir que ya estábamos acercándonos. Faltaban 30, 20, 10 kilómetros, hasta que al fondo se vislumbraban las dos torres de la catedral de Bayona, ya a orillas del río Adour, próximos a su desembocadura. Que emoción.

Quizá no ha sido el día que más he sufrido, ni la mayor proeza que haya hecho encima de la bici, pero todo en conjunto ha hecho que sí pueda decir que ha sido uno de los días que más he disfrutado de la bici. Más de 13 horas de todo lo que me llena, de subidas, de bajadas, de paisajes, de verde y de azul, de risas, de reencuentros, de grandes conversaciones, y como no de grandes canciones, jejej, aunque me temo que esto último no ha servido de nada. Álvaro y Jose, tras toda la prueba, con una palmadita en la espalda me dijeron: “Chavalote, sigue dando pedales, per no nos castigues más con tu voz”.

En fin…
Como no podía ser de otra manera el ataque musical se inició con notas parroquiales, que tanto éxito tuvieron en las galerías de Portalet. Aderezado por el “hoy no me puedo levantar” de Mecano. La cosa empezaba fuerte, aunque los falsetes en frío aun costaban.

7 comentarios:

  1. Ernestooooo si llego a saber que eras tu el culpable de la chaparrada!!!!!!!!

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  2. Shhhhhhhhhh!!!!!! Callaaaaaaa!!! que los de la Pyrinene se van a poner mininos....!!!

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  3. emocionaita me has dejao.

    pasalo bien estas semanas. un abrazo

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  4. Menuda mierda de crónica! Esto es lo malo de que en internet pueda escribir cualquiera!!

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  5. ¡ q razón llevas Joseba...!!!!
    y q haya gente q lo lea...!!!!!
    pit

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  6. Que grande eres Ernesto, fue un placer compartir esos kn con vosotros, abrazos desde puzol!!
    Soy Manolo

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  7. Te sigo puntualmente ernesto y cada día me emocionas más.


    marco

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